jueves, 13 de octubre de 2011

Reflexiónes sobre los mercados piratas: incidencias en el empleo

En la mayoría de los mercados el precio que alcancen los productos de ese mercado puede redundar negativa o positivamente en el empleo que ese mercado procura al resto de la sociedad. En las siguientes líneas intentaré dar una demostración de está afirmación y sobre todo enfocado al mercado de bienes de consumo de películas en dvd y música en cd, y también para los videojuegos.

Podemos observar fácilmente que para un mercado normal en el cual hay una demanda y oferta normales o de equilibrio si se prefiere (seguir gráficos finos negros), esa demanda nos lleva a una producción, y esa producción procura cierta demanda de trabajo por parte de las empresas para realizar esa producción.

Para esa DA de equilibrio existirá un precio en el que oferentes y demandantes estarán de acuerdo y vaciarán el mercado. Si por circunstancias de la DA esta se contrae (seguir gráficos gruesos rojos), entonces la producción a cubrir por las empresas caerá, y también la demanda de factor trabajo, puesto que las empresas, al necesitar producir menos, necesitarán menores factores de producción. Otra cuestión será que al reducirse la DA posiblemente el precio también lo hará, y con el tiempo el mercado vuelva a equilibrarse, pero eso es otra cuestión como ya hemos apuntado.

Si la DA se sigue contrayendo (seguir gráficos gruesos verdes), hasta valores próximos a cero, la producción caerá totalmente, y la demanda de factor trabajo por parte de las empresas también será próximo a cero. En estas circunstancias muchas empresas de este mercado cerrarán sin remedio alguno por no tener demandantes que adquieran sus productos, lo cual afectará negativamente en el empleo.

En el gráfico podemos apreciar claramente como la DA se va contrayendo varias veces por causas exógenas, lo que da, como se puede apreciar, a una reducción de la producción, y consecuentemente, de la demanda de factor trabajo por parte de las empresas. Apuntar también que al ser la demanda de trabajo la que cambia de posición, el salario real de los empleados que se mantengan en el mercado en cuestión también caerá, por el aumento del desempleo que producirá la caída de la producción, que hace que haya más competencia para un número mas reducido de trabajos.

Al principio de este trabajo se hacia alusión a los mercados de comercio de dvd, música y videojuegos de consolas, que en los últimos tiempos esos productos son fácilmente plagiados por los consumidores de estos sin impunidad alguna.

Pensemos que el mercado lícito de estos productos sería la OA inicial (línea fina negra), el cual procura una producción y un empleo de equilibrio para esa producción. Si por cuestiones de eficiencia empresarial y competencia en el mercado se aumenta la producción (gráfico grueso azul), el precio también se reducirá y la DA absorberá ese incremento de producción (Y), lo que a su vez procurará una mayor demanda de trabajo por parte de las empresas, que redundará positivamente en el empleo de este mercado, y posiblemente reduzca el desempleo.
Como podemos observar en el gráfico los desplazamientos de la OA hacia la derecha en color azul tienen como consecuencia:
-          Aumento de la producción.
-          Reducción del precio de equilibrio.
-          Aumento de la demanda de factor trabajo por parte de las empresas.
-          Incremento del salario real de este factor.

En cambio, podemos apreciar también las consecuencias de la contracción de la DA, en los demás colores del gráfico:
-          Reducción de la producción.
-          Reducción del precio.
-          Reducción del la demanda de factor trabajo.
-          Reducción del salario real.

Después de estas demostraciones microeconómicas y macroeconómicas, vamos a intentar sacar similitudes con lo que está ocurriendo en el mercado antes apuntado.
En este mercado la copia de productos es usual, los demandantes no es que dejen de consumir este tipo de productos, sino que pasan del mercado legal, al ilegal, por definirlos de alguna manera; en el cual el precio es básicamente cero para los mismos productos, sin tener en cuenta las calidades ni los costes de mantenimiento de la red, que es de donde se obtienen este tipo de productos gratuitamente.
Ese trasvase de consumidores de un mercado a otro, puede tener un horizonte muy negativo, si las autoridades pertinentes no son capaces de regular eficientemente este tipo de cuestiones, ya que como hemos intentado demostrar la reducción de consumidores procura una menor producción, por la menor demanda de productos, y por supuesto un menor empleo ,al reducirse la demanda de factor trabajo por parte de las empresas.
España es el segundo país a nivel mundial en el que más se consumen productos “piratas o ilícitos” después de China, y su consumo es relativamente fácil de conseguir, ya sea a través de la red o en el “top manta”. También se ha de apuntar que es muy atractivo el precio ofrecido en este mercado, puesto que el original cuesta muchas veces hasta diez veces más que la copia, aunque este último pueda tener menos garantías o peor calidad.
Lo claro es que el consumidor es muy egoísta y tenderá a maximizar su función de utilidad para su restricción presupuestaria, es decir, que para un salario dado, o cantidad de dinero, disponible para consumir, intentará comprar la máxima cantidad de bienes y servicios.
Aunque decir que todos los consumidores tienden a este tipo patrones para adquirir estos productos, sería muy osado por mi parte, lo cual no es mi intención, lo que si pido es que se haga una reflexión personal a la materia debatida aquí: piénsese por un momento cuantas tiendas de discos había hace una década más o menos en su barrio, o videoclubs, u otro tipo de tiendas que comercializase con este tipo de productos; y piénsese cuantas de esas tiendas quedan ahora. No estamos hablando de que haya habido algún tipo de innovación para reducir los costes y producir más barato y la oferta se haya trasladado de unas empresas a otras, estamos hablando de un vaciamiento de mercado, pero por la parte de la demanda, un vaciamiento de consumidores, un trasvase de un mercado a otro, para satisfacer nuestro egoísmo como consumidores sin pensar por un momento las repercusiones de nuestros actos en la economía real de muchas de nuestras pequeñas empresas, empresas que seguro que alguna de ellas es de algún conocido, familiar o amigo.
Estos también son empleos, producción y generación de riqueza, aunque la cuantificación de su repercusión sobre el peso relativo en el PIB y en el empleo a nivel nacional sea un trabajo más minucioso, parece claro que la “piratería” ha repercutido de forma muy negativa sobre las variables mencionadas, y todo para satisfacer nuestra vorágine consumidora.
Creo que los agentes competentes, más que sentarse a debartir si es legal o no, si tal página web se lucra o no con trabajo ajeno, en este sentido, deberían tomar cartas más duras en el asunto para corregir este tipo de desviaciones, puesto que si queremos seguir teniendo personas que canten y realicen nuevas películas, e ingenieros que creen videojuegos que nos entretengan y nos hagan sentir participes de la historía, deberemos producurar primero la protección de su derecho. No solo por parte del Estado, sino que la sociedad entera debe reconocer el efuerzo dedicado por estas personas en la generación de esos productos, porque más que una cuestión legal lo es moral, ya que a nadie le gusta que le roben sus ideas. Que sea el mercado el que decida si son merecedores de su existencia o no como productos, y no la picaresca y el aprovechamiento del esfuerzo ajeno.

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿Protección oficial?

Viendo en antena 3 un programa que se titula “Maneras de vivir”, no se que pensar si en este país existen ciudadanos de segunda y quizás otros de tercera, porque este programa mostraba unas supuestas viviendas de protección oficial en Madrid, que poco menos están sacadas de una serie hecha en Miami, con piscina privada, gimnasio, pista de padel, seguridad privada, etc, y unos pisos de ensueño, sobre todo el ático, que el dueño mostraba con alegría presumiendo que pagaba solo 600 euros. No me estraña que este tan alegre, yo pago más o menos lo mismo por mi hipoteca, y encima sin esas comodidades incluidas y expuesto a las flutuaciones del mercado de dinero.
Y mi discordia va más dirijida a que no entiendo muy bien quien decide quien tiene el privilegio, ya no el derecho, de vivir en una vivienda de lujo a precio de vivienda social. Que pasa con los demás ciudadanos de clase media que somos excluidos de este tipo de privilegios. Y sobre todo quien decide construir con dinero público, algo que está destinado a cubrir las necesidades de vivienda, derecho constitucional, pero sin ese tipo de extras.
Yo entiendo la viviendo social, o de protección oficial, como la cual a la que acceden las personas que no tienen los recursos económicos suficientes para comprar en el mercado privado. Pero que estas viviendas tampoco tienen porque ser de super lujo, ni mucho menos tener pista de tenis o piscina privada, Viviendas que se han pagado en parte con fondos públicos, porque si algo se pagó con dinero público, ha de ser en beneficio de todos los ciudadanos de la sociedad, y no de unos pocos privilegiados. No se si será el puro hazar el que los elige, o es algo hecho de antemano.
La verdad es que la protección oficial es algo que nunca he entendido demasiado bien, perdonen mi ignorancia, porque no he comprendido porque no es algo al que directamente todo ciudadano contribuyente de clase media, debería tener derecho a acceder, sin tantas restricciones y papeleo, y sujeto al azar de un sorteo. Y luego claro, las divergencias entre la calidad de las viviendas ya es otro tema, solo hay que ver este programa.
Esta claro que la mano protectora del gobierno no puede llegar a todos los rincones de este país para librarnos de los fallos del mercado, pero no creo que la solución sea tratar a los ciudadanos de manera distinta, y gastar el dinero público en lujos para unos pocos, y los demás que se las arreglen como puedan. Seguramente habrá otras necesidades más urgentes.

jueves, 14 de octubre de 2010

Exceso de velocidad


Imaginemos tres carreteras, en las cuales en la carretera A está plagada de semáforos y restricciones durísimas contra el exceso de velocidad, y en la cual no se puede circular, más que muy lentamente y cuando se nos permite el paso.
La carretera C estaría formada por una vía de libre conducción en la cuál no habría ningún tipo de restricción, ni de velocidad, ni pasos de cebra, ni semáforos, ni nada que impidiese a nadie ir como le apetezca.
La carretera B estaría compuesta por una vía bien equilibrada, en la cuál solo se restringirían las zonas en las cuáles pueda  haber peligro de accidente, con tramos más libres que otros.

Si hacemos un símil económico, podríamos identificar a A como una “economía dirigida”, llena de trabas al libre comercio, y en la que solo se avanza hacia donde dirige el Estado. Pero sin libertad para los conductores de ir hacia el lugar más rentable. En este tipo, la dinámica humana en la economía estaría muy restringida, sin ningún tipo de incentivo a correr más que los demás o a hacer un adelantamiento, pues también estaría prohibido. No existiría el riesgo de que alguien quisiera ir más rápido, y tuviera un accidente que dañaría a los demás, pero tampoco podríamos correr más para alcanzar una meta que nos llevase a una innovación que nosotros vemos posible. Solo se llevarían a cabo las que el Estado decidiese.

La C, podría llamarse “competencia perfecta”, o libre mercado, porque ningún conductor tendría absolutamente ninguna traba para hacer lo que quisiera, para correr cuanto quisiera, e ir donde quisiera. En este tipo de carretera tendríamos un alto riesgo de accidentes, pero también con una alta probabilidad de innovación, y de beneficios en precios para el consumidor, pues pagarían el precio más barato posible. Los accidentes aquí podrían ser tremendos, de hecho podrían llegar a cortar la carretera un tiempo, porque ningún Estado interviene, ni para lo bueno ni para lo malo.

La carretera B, podría parecerse más a la realidad, con tramos muy intervenidos, pero con otros más libres. Por supuesto también hay riesgo de accidentes, pero menor que en C, aunque mayor que en A. En este tipo, el Estado, no se dedicaría a dirigir la carretera hacia donde él quiere, como en A, y al igual que en C. Aunque en caso de accidente este si que ayudaría a resolverlo lo antes posible, al contrario que en C, aunque igual que en A. No habría tanto vértigo como en C, pero tampoco tanto parsimonia como en A. Las innovaciones también llegarían, incluso hasta más rápido que en C, porque el Estado podría ayudar para que sucedieran antes. En los tramos libres los accidentes pueden ser muy peligrosos ,y detener la carretera mucho tiempo, incluso con la ayuda del Estado, y es éste el que tiene que tener bien previstos los peligros, para minimizar los riesgos de fuertes accidentes.

En la economía, al igual que en la carretera, aunque los caminos estén totalmente libres, la mayoría de los individuos actúan correctamente y bajo criterios de buena conducta. Podríamos aplicar aquí el principio de Pareto del ochenta veinte, es decir, que aproximadamente el 80% de los individuos actúan correctamente en la carretera y en la economía, incluso quizás más, pero el 20% restante actúa temerariamente, poniendo en peligro a los demás conductores.

Si ahora pensamos en la Crisis financiera 2007-2009, quizás encuentren similitudes a lo que acabo de exponer, pues en esta, como quizás en otras crisis, hubo ciertos individuos, que poseedores de grandes motores y un gran poder de influencia, actuaron muy temerariamente por las zonas libres, sin restricción alguna, y sin que nadie les restringiera en absoluto, y como el libre mercado mostraba su mejor cara, con grandes beneficios, en una carretera en la que se podía correr a 250 Km./h o más, en la que toda ella era una línea recta casi infinita. O eso parecía con la burbuja inmobiliaria. Pero el copiloto de este gran vehículo, que es la economía de mercado, es decir el Estado, debió advertir, o por lo menos vigilar mejor a sus conductores, se olvidó de avisar de que una curva en U no se puede girar a esa velocidad, y solo entonces, cuando el gran Lehman Brothers se salió de la pista, y otros le iban siguiendo a las llamas del gran choque, comenzó a volver a hacer su labor de copiloto, aunque ya era tarde para esta, y más bien tuvo que hacer de médico de guerra. En esta situación, los mismos que pedían más libertad en la carretera, raudamente se metieron entre las faldas del Estado para que les protegiera de la inercia de la velocidad que habían alcanzado, aunque un vehículo no puede frenar en seco a esa velocidad, por mucho que se quiera, nos lo impiden las leyes de la física, al igual que en la economía nos lo impiden otras leyes. Si lo hacemos, seguramente provocaremos no solo que nos accidentemos nosotros, cosa evidente, sino que muchos otros que nos siguen, no les dará tiempo a frenar y chocarán con nosotros. Y el Crack estará servido, o el pinchazo en la burbuja inmobiliaria en este caso. No hubo ningún tipo de desaceleración, solo vehículos o individuos que se chocaban unos detrás de otros sin poder remediarlo.

Por eso el Estado ha de ser el gran copiloto de la economía, una entidad objetiva, exenta de cualquier tentación de usura por negocios muy lucrativos a corto plazo y medio plazo, pero que a largo plazo pueden provocar accidentes de años, e incluso conflictos mucho más serios.

Albert Einstein

Albert Einstein
A pesar de todo, un genio.